El apoyo de Eruviel, después Dios dirá…

El actual gobernador del Estado de México da muestras de apoyo al que podría ser su sucesor, su futuro político está pendiente


En la sede del PRI en Toluca, en la calle Alfredo del Mazo, estaba todo listo para la toma de protesta del hijo y nieto de gobernadores cuyo nombre llevan escuelas, calles y hospitales. Hace 6 años, no llegó y hoy acepta que aquel no era su momento. Éste sí lo es, dice.

Alfredo del Mazo avanza entre la multitud seguido con dificultad por Enrique Ochoa, que nunca hace click con el priismo mexiquense. Lo esperan gobernadores y otros miembros de la clase política cerca de un modesto templete poco práctico para mostrar cómo arropan a su nuevo candidato.

Entre gritos y empujones, el chico fuerte sonríe; ahí en el mismo sitio, están su padre, Montiel, Camacho, Baranda, pero también Meade, Narro, Ruiz Esparza y hasta Ildefonso, el impresentable Murat o Gamboa, toda la plana mayor, lista para la madre de todas las batallas.

Pero sobresale alguien vestido con chamarra negra y de rostro serio. El día anterior había fallecido la madre de sus hijos. Eruviel era buscado por todos para saludarlo, se mencionaba su nombre y la reacción de los priistas era unánime, cerrada, hasta emocionante.

Eruviel cosecha por donde sembró: gobierna con sencillez y su conexión con la gente es natural, no tiene intermediación, no necesita arengas para ser arropado, está ahí, en su lugar, con temple y la connotada paciencia que lo convirtió en un candidato una vez y que con la misma fórmula, al parecer, buscará ser candidato otra vez.

El discreto encanto de Eruviel es un arma que hoy está al servicio del candidato que dijo respetarlo y reconocerlo. Luego, si las cosas salen bien, el Eruviel de la sonrisa fácil podrá llegar muy, pero muy lejos…