Columna: Nido de Víboras

Dos facetas del gobernador Carlos Joaquín


Por Luces del Siglo

EL ESCENARIO donde mejor se desenvuelve el gobernador Carlos Joaquín, no es arriba desde el atril leyendo discursos acartonados, sino a nivel del piso y en abierta interlocución con los ciudadanos.
CUANDO DIRIGE un mensaje público, frente a cámaras y bajo presión de las redes sociales, el gobernador definitivamente no es un buen orador, le falta músculo a sus palabras, se nota que son escritas desde el Olimpo, por eso no logran conexión.
EN CAMBIO, cuando se planta frente a una plaza con ciudadanos, y ya sin el corset discursivo que no lo deja ser natural, el gobernador se mueve como pez en el agua al interrelacionarse con los ciudadanos.
EL PRIMER escenario lo pudimos ver en la crisis social posterior al atentado en contra de las instalaciones de la Fiscalía Especial del Estado, cuando hubo una tardía respuesta al caos mediático generado por versiones falsas sobre estos hechos.
NO OBSTANTE que en esta ocasión el discurso y el énfasis fueron más que excelentes, la exigencia social de justicia, por un lado, y la desestabilización que sigue bombeando el grupo político electoralmente derrotado, por el otro, resultaron más apabullantes.
EL SEGUNDO escenario se vio durante las reuniones públicas a que convocó para dar a conocer su Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022, donde después del informe abrió el micrófono para que los asistentes opinaran sin tapujos, aclararan sus dudas o sosegaran sus reclamos.
AHÍ, SE manejó con naturalidad y control frente a las preguntas o solicitudes que le iban haciendo sobre todo en materia de salud y de seguridad, e invitó no sólo a presionarlo a él, como principal responsable de la administración, sino también a los miembros de su gabinete que para eso les paga el pueblo.
SI ELLOS no funcionan, si no les resuelven sus problemas, dijo el gobernador en la reunión de Cancún, entonces se van ir por incompetentes, porque su gobierno no tolerará a quienes no se pongan la camiseta por Quintana Roo.
AL FINAL, Carlos Joaquín convenció, también logró ganar la confianza y el apoyo de los diferentes sectores sociales que participaron en la reunión para aterrizar las diferentes líneas de acción de su Plan Estatal de Desarrollo.
A ESTAS alturas, el gobernador ya debe tener claro que lo suyo, lo suyo, no son los discursos acartonados sino los actos a nivel de piso, con los pies en la tierra y los micrófonos abiertos, sin temor a la diatriba, como lo hace un verdadero líder.

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DEBIDO A los acuerdos que pactaron al formar la alianza política que lo postuló como su candidato a gobernador, el gobierno de Carlos Joaquín se conforma por panistas (y sus grupos), perredistas (y sus tribus), joaquinistas (y sus pasiones), así como los oportunistas y los arribistas.
A ESTA última especie pertenece la senadora felixista-borgista-perredista Luz María Beristain, la famosa #LaydiSenado, quien no ha faltado a ni una de las reuniones, públicas y privadas, a que ha sido convocada con el gobernador, sólo para desplegar su protagonismo.
CUANDO NO llega vestida estrafalariamente como “indígena”, mete impertinentemente su cuchara en los espacios abiertos para que opinen los ciudadanos, no una legisladora farsante que sólo busca cautivar la atención de los presentes.
DE PENA ajena estuvo su intervención durante la reunión en Cancún donde fue presentado el Plan Estatal de Desarrollo (2016-2022), ostentándose como la “coordinadora” de los once legisladores federales (ochos diputados y tres senadores) en un frente de apoyo al gobernador y al estado de Quintana Roo.
CON BOMBO y platillos, la soñadora (por aquello de que sueña convertirse en presidenta municipal) anunció que ella y sus compañeros se reunirán cada mes para que cada quien informe lo que está haciendo por su estado.
NI AL caso venía el comentario porque la senadora debería saber que los ciudadanos pagan su sueldo para que trabaje todos los días por Quintana Roo, lo cual es una obligación y no una acto de falsa generosidad, sólo para pararse el cuello.
LO VIL fue que la Güerita se apoyó en la voz de batalla que lanzó un asistente que la antecedió en la palabra, para exclamar que el gobernador no está solo, palabras que se le hubieran querido escuchar en tiempos de campaña cuando Carlos Joaquín enfrentó el coletazo del dinosaurio priista.
ENTONCES PREFIRIÓ esconder la cabeza como los avestruces y hasta alentó desde el PRD y el Senado lo que pretendía ser una escandalosa denuncia contra el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, de quien fueron exhibidos los viejos negocios de gasolineras que maneja su familia.
EL GOLPE mediático se desinfló porque Pedro Joaquín presentó oportunamente su declaración patrimonial, donde reportaba lo que se pretendió bombear como un escándalo, pero principalmente porque la vocera fue la senadora Dolores Padierna, esposa de René Bejarano, sorprendido recibiendo un portafolio lleno de billetes por parte de un empresario.
AHORA QUIERE ser amigable con el gobernador Carlos Joaquín, hermano del Secretario de Energía, pero sin atreverse a criticar, ni con el pétalo de una rosa, a los exgobernadores priistas que a ella también le dieron cargos y dinero a manos llenas.
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EN LA peor crisis política que haya vivido Estados Unidos después del escandaloso caso Watergate, el presidente Gerald Ford, quien por naturalidad de jerarquía asumió el cargo de Richard Nixon en medio de la convulsa exigencia social de justicia, inspiró su decálogo del poder.
“UN WATERGATE había sido posible por un poderoso jefe de personal y unos ayudantes ambiciosos que tenían más poder que los miembros del Congreso, pero poca o ninguna experiencia o juicio político”, sintetizó Gerald Ford al convertirse en mandatario estadounidense en agosto de 1974.
PARA FORD, el éxito de todo gobierno depende de la capacidad del gobernante para trabajar en armonía con su gabinete, y con base en ese principio planteó los ocho siguientes pasos a seguir para convertirse en un estadista:
1.- No tener confidentes especiales dentro del gabinete.
2.- Escuchar, no confiar.
3.- No participar en rivalidades de jurisdicción.
4.- Tener confidentes fuera de gabinete a quienes pedir consejo.
5.- No atascarse en los detalles; encargarse de las grandes decisiones políticas y dejar su puesta en vigor y la administración de programas a los jefes de departamento.
6.- Obrar con mayor dinamismo en todos los frentes, hacia la resolución y decisión.
7.- Considerar todas las propuestas como si uno fuese su defensor que tiene que convencer al público en general.
8.- Fomentar el desacuerdo antes de llegar a una decisión final.