Una izquierda que se torna intolerante

intolerante

“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”


“No hay borracho que trague lumbre”, dice un refrán, pero sobran historias y hasta videos –en este mundo digital– de que sí los hay.
Así, también, hay los periodistas que defienden la libertad de expresión, pero no quieren oír a sus interlocutores. 
En su artículo “Patada al PRI”, Denise Dresser, comete ese error que podría parecer pequeño, pero no lo es. No se puede ser juez y parte, y mucho menos, si se aspira a construir un ambiente democrático, negarle al otro el derecho a expresarse o disentir. Mandar a “callar al presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, quien no cesa de mentir, tergiversar, manipular”, es como darse un balazo en el pie, pues borra el valor a la tolerancia y el derecho a la libertad de expresión. Muchos podemos estar en contra del partido tricolor, incluso contra el candidato en el Edomex, Alfredo del Mazo, pero eso no autoriza a nadie a mandar callar a aquel con quien no congeniamos. Precisamente, en una democracia debe prevalecer un ánimo de debate, discusión y deliberación públicos. Callar en lugar de dar argumentos lo único que genera es intolerancia demagógica, populista y autoritaria.
Nos lleva a citar nuevamente a Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”