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CDMX

Jacarandas: ¿Amigas o enemigas de la CDMX?

Una favorita de la urbe, que en realidad no pertenece aquí

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Foto: Especial

Alfombras de tonos lila, el dulce regalo que dan las jacarandas a la Ciudad de México cada que el otoño llega… Pero, cuál es la factura de tan estético escenario? En realidad, el precio es tan alto que conviene preguntarnos si dicho árbol es amigo o enemigo de nuestro entorno.

El afán de “embellecer” la ciudad ha provocado el desplazamiento de especies nativas debido a la importación de plagas exóticas, alertan expertos. En específico, hablando de la jacaranda, la situación se ha visto opacada por el gran amor que el pueblo capitalino ha demostrado por dicha hierba.

“Las jacarandas se quedan en lo suyo
Todos son verdes y ellas no
Nadie de les quitará de la cabeza
Que hay mil maneras de ser árbol”

Versa el gran Tomás Segovia, poeta español naturalizado mexicano, en una oda de admiración a tan peculiar árbol al que hasta el mismísimo Alberto Ruy Sánchez se ha sumado. De esta manera, la ciudadanía ha dado por sentado que la

¿Jacaranda Mexicana?

La historia retrata que la jacaranda llegó a México a principios del siglo XX. El objetivo era embellecer las calles de una ciudad que poco a poco se volvía más urbana y el modelo a seguir era el de los jardines zen repletos  cerezos y ciruelos en Tokio y Washington.

Sucedió en el periodo del Maximato; más específicamente, en 1932. Fue el herbario japonés Tatsurgoro Matsumoto quien propuso intentar plantando jacarandas en la ciudad debido a que el clima tropical no favorecía el crecimiento de los cerezos.

Al igual que su padre, Matsumoto llevaba años plantándolas con éxito en un pequeño invernadero.

Así fue que las jacarandas sirvieron para dar color a los pálidos parques y jardines de la ciudad, dotándola de una belleza considerable.

Originalmente, ésta proviene de Brasil y otros países con clima tropical –como Paraguay y Bolivia- y es por ello que el clima de México es tan favorable para su crecimiento.

Los efectos negativos

Pedro Joaquín Gutiérrez Yurrita, doctor en biología, profesor en derecho ambiental e Investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN), señaló que la descontrolada inserción de especies exóticas a los suelos mexicanos ha alterado el orden natural del ecosistema y afectado a las especies nativas. Hablando específicamente de la jacaranda, se trata de un árbol que ya es considerado una plaga y que implica un alto costo de manutención en las calles de la ciudad.

Al ser un extraño en tierra extraña, los mecanismos de defensa la jacaranda merman el desarrollo de herbáceas. Estos árboles contienen alelopáticos, sustancias químicas que impiden que otros seres crezcan a su alrededor. Son plantas bastante competitivas.

“De hecho es difícil ver que las aves aniden en jacarandas. Por los vivos colores de sus flores, los nidos podrían correr más riesgo en estos árboles”, advierte Gutiérrez Yurrita.

Para él, el problema fue desde la planeación. En lugar de utilizar plantas exóticas, se pudo haber recurrido a alternativas locales igual de coloridas y bellas.

Desgraciadamente, así como las jacarandas, árboles como el  pirul y el eucalipto se han convertido en equívocos referentes de la oferta herbolaria mexicana.

Las personas llevamos tanto tiempo conviviendo con estos ejemplares que ni siquiera nos damos cuenta que no son originarios de aquí, los asumimos como nuestros e ignoramos el modo en que afectan a los ecosistemas locales, señaló el experto en una entrevista a La Meta del Planeta.

Además de ser una amenaza para plantas nativas, la jacaranda ya naturalizada es conocida por lo grande y fuerte de sus raíces. Estas tienden a crecer de una manera tan desmesurada que atraviesa el concreto y  rompe las banquetas.

Banquetas rotas complican acceso a clínica 220 del IMSS

Para el biólogo, la solución sería comenzar a tener un control sobre estas especies exóticas: no se trata de talar las jacarandas ya existentes, pues esto sería un desperdicio de dinero y agua. No obstante, se puede regular el crecimiento de sus raíces y detener el plantío descontrolado de éstas.

Del mismo modo, es imprescindible comenzar con una mayor cultura de conocimiento sobre las especies que pertenecen a nuestro territorio y conocer la importancia de su existencia en el mundo.

Existen bastantes alternativas para embellecer calles y jardines que, además de ser de aquí, no requieren tanto gasto de agua, mantenimiento ni afectan al ecosistema.

EC

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