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La otra batalla de Culiacán

Una estrategia de propaganda negra reforzó las acciones del cártel de Sinaloa para generar confusión y sembrar el terror en la población

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Por Juan Veledíaz

El jueves 17 de octubre, durante la toma de la capital sinaloense por parte de pistoleros del Cártel de Sinaloa para liberar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, hubo una batalla en calles, avenidas y puentes que tuvo su símil en el ciberespacio. Una estrategia de propaganda negra reforzó las acciones del cártel para generar confusión y sembrar el terror en la población por medio de mensajes falsos y fake news. Fue la otra batalla de Culiacán.

A la par de los enfrentamientos en Culiacán, videos y mensajes circularon en redes sociales amenazando de muerte a militares y sus familias.

Fue un cerco que dejó incomunicada vía terrestre a la capital sinaloense. Bloquear los accesos con grupos de hombres armados, desplegados con fusiles de alto poder sobre camionetas blindadas, se realizó en menos de una hora.

Poco después de las tres de la tarde del jueves 17 de octubre, Culiacán comenzaba a ser sitiada por columnas de vehículos con individuos armados pertenecientes a diferentes facciones del Cártel de Sinaloa.

Una alerta del clan Guzmán Salazar, por la detención de su medio hermano Ovidio Guzmán López a manos de efectivos de la policía ministerial militar y la Guardia Nacional, desató la mayor movilización nunca vista de pistoleros del cártel.

Desde las entradas que bajan de la sierra como Tepuche y Mojolo, hasta las del sur en la región de El Salado, que son territorio del líder del cártel Ismael El Mayo Zambada, las caravanas de hombres armados, ataviados con chaleco antibalas, radios, fusiles de asalto, algunos con gorra de béisbol, otros con pasamontañas, aparecieron por diversos puntos de la capital sinaloense. El rasgo común era que cada camión blindado traía una ametralladora Barret fija en el toldo, este vehículo iba seguido por otras camionetas con pistoleros armados con fusiles AK-47 y R-15, los calibres más altos que utilizan las milicias de la organización

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A la par del despliegue en tierra, por redes sociales y mensajes de WhatsApp, los pistoleros comenzaron a hacer circular videos y mensajes de radio grabados por distintas frecuencias.

Los mensajes eran parte de una operación de propaganda negra enfocada a generar temor entre la población, provocar confusión entre las fuerzas del orden, y causar desconcierto entre los medios de comunicación. Era la otra batalla por Culiacán.

Estira y afloja

Uno de los primeros videos que se conoció fue el de la caseta de cobro de la salida sur de la capital sinaloense. Las imágenes duran más de tres minutos en los que se aprecia como un pelotón de soldados que viajan en una camioneta son detenidos por hombres armados.

Sin disparar un solo tiro, los soldados son sometidos y se alcanza a apreciar cómo algunos de ellos se saludan con los pistoleros. Momentos después, en un segundo video, la camioneta militar aparece circulando por calles de la ciudad conducida por los sicarios. Estos videos fueron utilizados para enviar el mensaje de que tenían retenidos a los soldados.

Poco después se difundió otro video del interior de la unidad habitacional militar que se localiza muy cerca de la comandancia de la novena zona en Culiacán. Se escuchan una serie de disparos y se alcanza a apreciar cuando algunos uniformados corren y ordenan resguardar a las familias.

Ambos videos fueron utilizados para presionar a las autoridades a que liberaran a Ovidio Guzmán López. El conducto fue un mensaje de voz que circuló en redes donde se decía que tenían a familiares de militares, mujeres y niños, amarrados a dos pipas de gasolina. Si no cedían, iban a hacerlos estallar. En otro reforzaban la amenaza, decían que uno por uno irían matando a cada uno de los militares retenidos.

A la par circulaba un video de un hombre vestido de verde olivo, sometido y tirado en el piso, lo rodeaban civiles armados quienes empezaban a dispararle en la cabeza hasta destrozarle el cráneo. Era un falso video en el que supuestamente se trataba de un militar detenido. Se decía que si no actuaban en consecuencia con sus peticiones, así irían matando a los soldados capturados.

La guerra de propaganda que corría a la par de los tiroteos —la toma de las entradas de la capital, el control de las calles y puentes que comunicaban con la zona de Tres Ríos donde había sido detenido el hijo del Chapo— se convirtió en la otra disputa por Culiacán.

Esta batalla también la ganó el cártel ya que en cuestión de minutos inundó las redes con propaganda. Horas después de que Ovidio Guzmán López fuera liberado, en medio de la confusión por las declaraciones de Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad Ciudadana, en torno a que durante el operativo habían optado por “suspender las acciones”, la tensión comenzó a bajar sin que desaparecieran los tiroteos en distintos puntos de la capital.

Cerrados los negocios, suspendido el transporte público y las clases en todos los niveles, la sombras nocturnas cayeron mientras los mensajes aminoraron.

Uno de los últimos difundido al día siguiente durante la mañana del viernes, a manera de “resumen”, usando datos falsos sobre lo que en realidad sucedió, formó parte del colofón de la otra batalla por la capital sinaloense.

Decía parte del mensaje:

“(Los sicarios) se dan cuenta que vienen apoyos militares de varios lados por carretera y comienza la guerra. Piden refuerzos los Guzmán a toda su gente local y de las serranías cercanas y a la gente del Azul, del Mayo, los Limones, los Leones, los Avendaño, los Fernández, los Isidros, los Herrera, Payanes, Quinteros, y otros tanto más, que tienen sus equipos armados y gente.

“Comienzan a cerrar las entradas a Culiacán y las vialidades importantes quemando camiones, trailers y pipas. Todos los punteros que andan en motos comienzan a asaltar por toda la ciudad, a los que andaban en camionetas los dejaban ir caminando. En ese lapso de 4 horas hubo más de 30 enfrentamientos con soldados y estatales en diferentes puntos de la ciudad”.

El mismo viernes, temprano por la mañana, autoridades del gabinete de seguridad federal, encabezados por el secretario de la Defensa Nacional, el general Luis Cresencio Sandoval González, y el de seguridad Alfonso Durazo, junto al gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, hicieron un recuento de lo ocurrido la tarde del día anterior.

Lo primero fue que se liberó al personal que había sido retenido, hubo 19 bloqueos en diferentes vialidades, 14 ataques a tiros a la Guardia Nacional y Ejército que acudieron en apoyo del operativo de detención de Guzmán López, siete soldados heridos y ocho vehículos y un helicóptero con impactos de arma de fuego.

Además se atacó el cuartel de la novena zona militar, el centro de comando conocido como C-4, y el puesto de control militar en la salida norte en la comunidad de Limón de los Ramos. Hubo una fuga de 49 reos, un interno muerto y cinco pistoleros abatidos.

De la otra batalla, la de la propaganda negra, no hubo recuento de daños más allá de las cinco versiones diferentes que Durazo hizo sobre el hecho para abonar al desconcierto y la desinformación.

(Nota tomada con autorización de https://lasnoticias.com.mx)

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