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Infierno en instituto para niños sordos de Argentina: maestros y curas pedófilos

Los abusos se producían casi siempre en un altillo, en una sala a la que llamaban "la casita de Dios"…

abusos Próvolo

En Argentina, los Próvolo eran institutos grandes, con cuidadores, limpiadores, y muchos maestros, hoy todos se preguntan cómo es que en años nadie vio o dijo algo sobre los abusos que se cometieron contra niños sordos; violaciones en su mayoría realizadas por curas ayudados por una monja.

Por el caso hay seis detenidos, y el instituto ya fue cerrado. Los abusos se producían casi siempre en un altillo, en una sala a la que llamaban “la casita de Dios”. Ahí la policía encontró cadenas y material pornográfico”.

Durante una inspección, una de las víctimas señaló una imagen de la virgen y dijo: ‘Siempre que pasaba por aquí, la monja mala se persignaba’, en referencia a la católica Kumiko Kosaka.

Las víctimas fueron elegidos con cuidado, eran vulnerables, sumisos y pobres, por lo que amenazarlos a no contar nada era fácil; en los pocos casos donde lo hicieron, nadie les creía.

Gustavo Stroppiana, fiscal del caso, ha dicho que tras escuchar las historias que sucedían dentro del centro, no puede dormir (tiene 3 hijos menores).

Los testimonios coinciden: primero, la monja golpeaba a los niños, aquellos que se resistían se salvaban, los sumisos eran abusados, según refiere Sergio Salinas, abogado de varias de las víctimas.

Una niña de cinco años, hoy adolescente fue violada repetidamente por el cura Horacio Corbacho, uno de los dos curas detenidos por el caso. La monja era la encargada de llevar a la niña a la habitación del sacerdote, e incluso, un día tuvo que ponerle un pañal a causa de la hemorragia que sufrió, para poder llevarla al comedor.

También Kosaka los hizo ver pornografía y hacía que las niñas se tocaran.

Aún hoy, veinteañeros sorprenden a los abogados y fiscales por el terror de su rostro en las rondas de reconocimiento cuando ven al otro acusado, el padre Corradi, de 82 años.

Las víctimas eran los que tenían más dificultades para comunicarse con sus padres, los que no conocían el lenguaje de signos, además eran amenazados con ser sacados del centro si hablaban. Muchos de ellos provenían de villas en la miseria, y el centro era como un hotel de lujo para ellos.

Una mujer llamada Cintia Martínez contó al diario El País el infierno que vivió su hijo dentro y asegura que si le hubieran hecho caso cuando denunció se hubieran podido evitar muchas víctimas.

Su hijo, hoy de 20 años fue abusado por su cuidador, que antes había sido otro interno del colegio y a su vez había sido violado por uno de los curas. “Mi hijo vio como abusaban del que después le violó. Era una cadena. Todavía hoy le tiene terror a Corradi”, relató.

Cuando al fin, en 2008 su hijo le contó de los abusos y que lo habían obligado a hacer sexo oral con otro alumno, Cintia fue a la escuela, donde le prometieron que apartarían al responsable, ella denunció el caso ante la fiscalía y sacó al niño, pero nadie le hizo caso y los abusos siguieron hasta 2016, cuando todo se destapó.

El caso empezó cuando un grupo de ex alumnos denunció a dos curas y a tres extrabajadores por los abusos, de ahí fue un efecto dominó. En la actualidad hay más de 20 exestudiantes que acusaron a 14 trabajadores del centro por abusos sexuales agravados, encubrimiento, hechos de violencia y corrupción de menores. (Con información de El País). DA