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LM 360º

La “Sala número N”, el crimen que ha horrorizado a Corea

Alrededor de 76 mujeres fueron explotadas sexualmente de maneras atroces

Foto: Especial

Una nueva polémica entorno a la violencia contra las mujeres y salas de chat tiene a toda la sociedad coreana enojada y pidiendo justicia, tanto así que la atención hacia el coronavirus se ha logrado desviar momentáneamente. 

Se trata de una sala de chat llamada “Nth room” (sala número n), un crimen digital en la que se explotó sexualmente a 76 mujeres, entre ellas 16 menores de edad, quienes fueron amenazadas y obligadas a hacer cosas inhumanas tales como el ingerir comida y heces de perros, untarse la orina de animales, autolesionarse, desnudarse, introducirse objetos en sus genitales (como tijeras), se habla de violaciones y demás contenido y explícito. 

Todo el material era compartido a otras personas a través de salas de chat en Telegram, un servicio de mensajería muy usado en Corea junto a Kakao Talk, éste último en donde también se han descubierto redes similares.

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Cabe destacar que en Corea es ilegal todo tipo de acceso a sitios pornográficos desde hace febrero de 2019; además, desde hace años las mujeres coreanas han luchado contra prácticas de acoso como lo son las cámaras ocultas para fotografiarlas en baños públicos, hoteles, metro, etc. 

Los usuarios de estas salas de chats podían unirse a la red pagando determinada cantidad de dinero (con criptomonedas) y conforme más pagaran más contenido explícito podrían obtener. Así se fueron creando la sala 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, hasta llegar a la n sala. 

Foto: Internet

Las decenas de mujeres que fueron víctimas llegaron a la red a través de hackeos enviando links falsos, obteniendo información personal a través de amenazas; engaños argumentando que eran agencias de modelos y demás prácticas.

En cada una de las salas se estima que había unos 300 a 700 participantes, sumando todos los participantes de los chats se estima que puede haber alrededor de 260 mil usuarios que pagaban por ver este tipo de contenidos. Las “ganancias” aún son imprecisas, aunque se habla de millones.

Los chats se dividían en dos: uno llamado (y manejado por) “Baksa” en donde sólo podías ver los videos, sin comentar; y otra sala llamada “Goddam” en donde los usuarios podían dejar comentarios sobre los videos.

Luego de que salió a la luz pública la verdad de esta red con las pruebas que unas estudiantes de preparatoria llevaron a la policía, se creó una petición para exigir a la Casa Azul (es decir, el Gobierno de Corea) que se revelaran las identidades de los implicados, algo inédito pues sólo se revelan las caras de criminales cuando se trata de personas catalogadas como “muy peligrosas”. 

Sin embargo, luego de reunir más de 2 millones de firmas la petición fue aprobada por el Presidente. Así fue como se reveló que Baksa, el hombre detrás de toda la red, era un joven llamado Jo Joo Bin, de 25 años de edad, que al ser detenido intentó frenar su captura diciendo que tenía coronavirus

Foto: Internet

Luego de realizarle un test y que éste diera negativo, el hombre salió ante los medios, saliendo incluso con una férula en su cuello, por lo que se cree que intentó atentar contra su vida para evadir sus responsabilidades penales.

Sin muestras de remordimiento, Jo Joo Bin causó aún más polémica al decir “gracias por detener mi vida de demonios sin freno”. Esta declaración no fue bien recibida por la sociedad surcoreana.

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Mucha gente estaba muy incrédula al saber su identidad: quienes lo conocían decían que era un chico tímido, trabajaba en una organización benéfica para pobres y realizaba actividades benéficas. Incluso el hombre trabajaba en un periódico en donde hasta había escrito un reportaje sobre la prevención de la violencia sexual contra las mujeres.

También se ha especulado sobre idols (artistas coreanos) que estarían en las salas de chats, pero esto no ha sido confirmado.

Hasta el momento las autoridades continúan con las investigaciones, sin embargo, la sociedad coreana teme que haya injusticias en el proceso penal, pues el joven podría recibir como máximo una pena de 3 o 4 años. Aún hay más autores intelectuales por hallar.


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