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Foster y Romero, los estrategas detrás del NAIM

La obra se posicionaría como uno de los mejores aeropuertos a nivel internacional …

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Foto: Especial

Desde que se planteó la idea de crear el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) se convirtió en uno de los proyectos más ambiciosos para el país, lo que conllevó a numerosas firmas a interesarse en él. La pregunta a resolver se dirigía sobre el eje de innovar por medio de tecnología de última generación y posicionarlo como la vía aeropuertaria más importante a nivel global, que pueda impulsar la economía del país.

Foster + Partners y Fernando Romero lograron cumplir ese propósito gracias al trabajo entre las mejores 200 personas capacitadas para materializarlo, entre las que destacan arquitectos, ingenieros, planificadores, programadores, modeladores y visionarios que combinaron sus aptitudes y habilidades en un grandioso trabajo en equipo para crear NAIM.

La construcción del NAIM significa uno de los mayores retos para esta firma, que debe enfrentarse ante la adversidad de construirlo sobre un lago y una de las zonas a nivel mundial más susceptible a movimientos sísmicos, al encontrarse entre tres placas tectónicas, así como de adaptarse al clima de la Ciudad de México para convertirlo en una construcción amable para el medio ambiente.

Lo que llevo a que una de las principales características de éste sea la adaptación de la construcción ante el medio en el que se encuentra. La estructura está enfocada en una base que pueda resistir movimientos sísmicos, así como sostenerse encima un terreno suave; características que lo calificarían como unos de los aeropuertos más sostenibles del mundo.

Para ello fue importante un análisis que integraran un beneficio triple —ambiental, social y económico—. La firma ha superado retos importantes como la construcción del Honk Kong International Airport, al lograr la construcción en una isla montañosa; así mismo, se agrega a la lista, Beijing Capital International Airport en el que lograron hacer el aeropuerto más grande y avanzado del mundo, con gran eficacia operativa y sostenibilidad.

Por su parte, el multipremiado arquitecto mexicano, Fernando Romero, junto con su empresa RF EE, ha realizado por más de 15 años proyectos en varios países —desde museos, edificios y aeropuertos—que han beneficiado a zonas marginadas en centros urbanos.

Entre las construcciones que suma a su trayectoria están el Museo Soumaya, Plaza Carso, el Centro de Convenciones G-20 en Los Cabos, hasta el Teahouse, en Jinhua, China, con el que logró poner a los arquitectos mexicanos en la mirada internacional.

Su diseño propuesto por el NAIM fue premiado a nivel internacional.

Todo estos elementos y experiencia preceden al Nuevo Aeropuerto Internacional de México, se convertiría en uno de los puertos aéreos más importantes a nivel mundial por su impulso a la economía de la zona y lo rentable que representa para el año 2060, gracias a su condición de adaptarse a las innovaciones. NAIM responde tanto al presente como al futuro de un país que busca competir a nivel mundial y otorgarle a su usuarios una de las mejores experiencias.

A nivel internacional, la obra del NAIM en Texcoco ha recibido reconocimiento por su diseño de vanguardia y por los beneficios económicos que podría traer al país.

En manos de la próxima consulta ciudadana está el futuro del próximo aeropuerto. Si el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador echa mano de esto y decide cancelar la obra en Texcoco, habrá consecuencias y el país tendrá que pagar.

Texcoco es una idea gestada desde hace más de 24 años y que vio su materialización en 2014 sin que encontrara protestas o resistencia. De hecho la oposición al proyecto fue un instrumento electoral, como recuerda en su columna “Sobremesa”, la periodista Lourdes Mendoza.

De elegir la opción de Santa Lucía y separar las operaciones del actual aeropuerto hacia esta base o al Aeropuerto de Toluca habría elevación de los costos de las aerolíneas nacionales; afectaría la conectividad de todo México y pondría en desventaja a la CDMX frente a otros hubs en otras metrópolis del mundo.

Cancelar la construcción también podría provocar pérdida de confianza de la comunidad internacional y generar incertidumbre, así como un castigo del mercado con reacciones negativas de las calificadoras.

La respuesta al futuro de la conectividad, del comercio y del desarrollo puede ir de la mano de esta obra si se le permite despegar.

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