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Opinión

La ceguera de Barbosa

El gobernador de Puebla prácticamente ha dejado de ver con ambos ojos y ahora sólo ve sombras

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Foto: CUARTOSCURO

Es por muchos conocido el avanzado deterioro de Salud que tiene el Gobernador de Puebla Miguel Ángel Barbosa como consecuencia de una diabetes crónica. Lo que no todos saben es que prácticamente ha dejado de ver con ambos ojos, si así como lo oye, su capacidad visual se ha deteriorado al nivel de sólo ver sombras y no puede caminar sin la ayuda de un lazarillo, además de haber perdido la pierna izquierda y usar una prótesis para mantenerse de pie.

En las reuniones, con gente de afuera de su administración, su equipo recomienda no llevar presentaciones porque el gobernador no las podrá comentar y prefieren que las mismas se realicen verbalmente. 

Es por lo dicho anteriormente que en todas las participaciones públicas del gobernador, donde tiene que ofrecer un discurso, las palabras no las lleva en ningún documento impreso ni tarjetas con anotaciones, ni hojas, ni mucho menos teleprompter, todo se lo avienta de su ronco pecho, y bueno por eso luego sus puntadas dan la vuelta al mundo.

Como la ya malamente reconocida frase “Los castigó Dios” o su más reciente e internacionalmente multicitada declaración que asegura que el Covid-19 “solamente les da a los ricos y no a nosotros los pobres”, incluyéndose dentro del grupo de gente pobre que será, según él, inmune a ser contagiada por el coronavirus.

Lo grave en términos económicos y resultante de todo esto es quien, hoy, son los ojos del gobernador Barbosa en el ámbito económico, para ser más claros, la secretaria de Economía de Puebla, Olivia Salomón, quien no está a la altura de las circunstancias y los eventos se le han venido complicando cada día más, principalmente por sus amplias ausencias desde que tomó el cargo.

Un claro ejemplo es cómo la secretaria Salomón no ha sabido controlar a los alcaldes de los municipios donde están las principales empresas armadoras de autos del estado y que representan en su conjunto más del 30% del PIB de Puebla.

Dichos munícipes, con el apoyo del congreso del Estado, han emitido leyes de ingresos que pretenden cobrar millones de pesos por licencias de funcionamiento, por documentos que en Coahuila o Guanajuato las empresas automotrices pagan a lo mucho cuatro mil 500 pesos. 

Cómo el Gober no pudo leer estas leyes, pues le pasaron una bola baja que ahora su equipo no sabe cómo resolver en el ámbito de la ley, porque el Ejecutivo estatal firmó y avaló lo aprobado en el Congreso.

Por lo mismo, hoy, el gobierno del estado de Puebla tiene por un lado a los empresarios obligados a ampararse contra las leyes de ingreso municipales leoninas y desproporcionadas, que al buen entender de los alcaldes están respaldadas por el gobierno de Luis Miguel Barbosa y, por el otro lado, tiene que enfrentar una crisis económica que envíe una señal que permita dar certidumbre jurídica a todos los inversionistas actuales en la entidad para que en cuanto pase la cuarentena se intente reactivar la economía con el apoyo del sector privado, que no siente el más mínimo apoyo del gobierno estatal y que, si no se ponen las pilas, pueden hacer un daño irreversible por los empleos adicionales que se podrían perder.

Después de tal incertidumbre jurídica ni quién quiera invertir en Puebla. Ya el presidente de la Coparmex local, Fernando Treviño, ha hablado públicamente del tema, pero la secretaria Salomón sólo evade el mismo, evidenciando que no sabe qué hacer.

Quién manda al Góber dar un encargo tan importante a una persona que sólo sabe vender casas en condominios de lujo, actividad muy distinta a encabezar una Secretaría de un estado en donde existen empresas de clase mundial  y no solo empresas familiares.

Después de los comentarios del Góber Barbosa, de que el Covid-19 sólo es de ricos, y con una secretaria de Economía ausente, las cosas no pintan nada bien para los poblanos. 

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