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Opinión

Lo que mal empieza, mal acaba

Han pasado 10 meses desde la imposición de Rosario Piedra como titular de la CNDH

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CUARTOSCURO

Han pasado 10 meses desde la imposición de Rosario Piedra como titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). No cabe duda: lo que mal empieza, mal acaba. Comenzó entre gritos y jaloneos en el Senado en noviembre del año pasado, cuando se impuso su figura como ombudsperson; ahora las víctimas exigen su renuncia.

“Haiga sido como haiga sido”, Piedra —quien pidió permiso para dejar de ser militante de Morena, aunque sólo en el papel, pues su corazón es guinda— se convirtió en la defensora de las víctimas, pero son precisamente ellas quienes delataron la ausencia, revictimización y, ¿por qué no?, los lujos en tiempos de austeridad, como los cortes de carne en la cocina de la sede de República de Cuba 60.

En el Senado, en el mismo lugar donde se orquestó el nombramiento de Piedra, un grupo de legisladores encabezados por la panista Kenia López Rabadán pidieron la comparecencia de la titular de la CNDH. 

La CNDH se ha visto envuelta en críticas por su labor. Una de ellas es la falta de recomendaciones públicas ante la pandemia provocada por Covid-19, ya que han existido múltiples quejas por violaciones al derecho de protección de la salud de los mexicanos, derivadas por la falta de medicamentos, pruebas de detección y de servicios médicos para la población en general”, precisó. 

Y súmele esto: “Otra situación preocupante fue el nombramiento de personas encargadas de las visitadurías que no cumplen los requisitos establecidos en la Ley y en dos de los casos, en la primera y sexta visitaduría, han dejado sus puestos en medio de acusaciones graves en contra de la titular de la institución, que van desde cálculos políticos de la CNDH para no lastimar la imagen de determinado funcionario o del gobierno hasta la falta de publicidad en recomendaciones emitidas”. 

Los senadores Juan Zepeda y Emilio Álvarez Icaza se pronunciaron por la renuncia de Piedra, mientras que el diputado Rigoberto Mares propuso una auditoría a la CNDH, luego de que activistas y víctimas exhibieron los cortes gourmet y tomaron las instalaciones. 

Todo esto se da ante las alarmantes cifras de violencia en México. Tan sólo de enero a junio de este año hubo 135 mil 728 delitos contra la vida y la integridad corporal, entre ellos 549 feminicidios. También se registraron oficialmente 11 mil 427 delitos contra la libertad personal, de los cuales 494 son secuestros.  

Además de 495 mil 433 delitos contra el patrimonio y 141 mil 711 delitos contra la familia, de los cuales 123 mil 927 corresponden a violencia familiar. Estas son las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, es decir, sólo los ilícitos denunciados. 

Y déjeme decirle que la misma CNDH difundió este 8 de septiembre, en el Día del Periodista, que de 2000 a la fecha van 162 periodistas asesinados y en 2019 se reportaron 609 amenazas, ataques u otros formas de agresiones contra estos profesionales, pero el -90% de los delitos sigue impune. 

El 23 de enero compartí en este mismo espacio que Rosario Piedra no se pronunció en los casos de personas enfermas que requerían medicamentos y se las vieron negras con el nacimiento del Insabi, menos cuando se dio a conocer que 2019 fue el año más violento. Desde entonces, se notaba la ausencia.

No aparte la vista de la CNDH porque está y seguirá en el ojo del huracán. La sede de Cuba 60 sigue tomada. Por cierto, el cuadro de Madero lo pintó la hija de Erika, una niña que a los siete años sufrió abuso sexual.

¿Qué dijo AMLO? Que pintar el cuadro de Madero era vandalismo y quien lo hizo es porque no conoce la historia o es un conservador. 

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