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Opinión

#ElPersonaje | Jiménez Pons: se queda dormido y se le va el tren

No le importan los atropellos a los derechos humanos y peligros para el ecosistema, al encargado del Tren Maya sólo le gusta quedar bien con su jefe antes de alertar que puede ser su peor estigma.

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Uno de los personajes de mayor confianza del presidente es Rogelio Jiménez Pons, quien está al frente del proyecto del Tren Maya, el emblema del sexenio que retrata al mismo gobierno.

El megaproyecto no es precisamente el ejemplo de la pulcritud bajo ningún ángulo, ni el ambiental, ni de respeto a los derechos de las comunidades y bueno, parece que tampoco en el asunto de la lana.

Sabemos que cada gobierno tiene programas y obras emblemáticas, pero hasta hace tres años no había sucedido algo tan dramáticamente irritante. El Tren Maya, como la construcción del aeropuerto –que parece central camionera–, tienden al fracaso.

Jiménez Pons, dicen conocido delincuente de “cuello blanco” de profesión y arquitecto de formación, fue designado a principios del sexenio como director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo. Eso sí, el turismo es secundario en su gestión, su única responsabilidad es sacar adelante esta obra con la que se pretende acercar a las comunidades del sureste al “primer mundo”.

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Si bien asegura que “son responsables de enaltecer la cultura maya y de cuidar nuestro patrimonio ambiental”, ¡sería bueno que nos digan si pretenden hacerlo apoyando a las comunidades y protegiendo el patrimonio o como la maqueta de cartón del Zócalo! En una de esas agarran inspiración.

No importando los atropellos a los derechos humanos y peligros para el ecosistema y la fauna local, algunos quizá irreversibles, a Rogelio le gusta –sobre todo– quedar bien con su jefe antes de alertar que puede ser su peor estigma.

Al exdelegado federal de Turismo en Tabasco no le ha importado pasar por encima de los derechos de los pobladores de cuatro estados y cometer ecocidio a lo largo de mil 500 kilómetros, sino que además se ufana diciendo mentiras contumaces: que el Tren Maya transitará por las vías “ya existentes” y no se destruirá la selva; que para tan compleja obra se vieron “obligados” a entender la sustentabilidad del proyecto, es decir, a equilibrar y empatar la economía, el medio ambiente y los aspectos culturales y sociales en los juicios que lleva “ganados” a quienes han interpuesto amparos y una larga lista de etcéteras.

¿Sabrá lo que significa todo eso? O solamente está especializado en cumplir caprichos presidenciales.

Rogelio Jiménez Pons ha protagonizado varios episodios de cinismo, entre otros, decir que se respetarán los derechos humanos de quienes deban ser reubicados a causa de las obras del Tren Maya.

Oportunismo de familia

Parece que lo oportunista viene de familia. Su sobrino es nada más y nada menos quien se ofreció al inicio del gobierno a comprar el avión presidencial y se dijo dispuesto a adquirir la flota aérea del gobierno federal. ¡La audacia! Gustavo Jiménez Pons es dueño de la empresa GBS Enterprises Inc y fue candidato fallido para la Jefatura de Gobierno capitalina con el partido Alternativa Socialdemócrata hace algunos años. Y en 2010, fue detenido acusado de fraude por alrededor de 5,000 boletos para el Mundial de Futbol de Alemania 2006. ¡Qué bonita familia!

Nada le quita el sueño

Para rematar. Jiménez Pons cuando no está “licitando” a dedo los tramos de construcción del Tren Maya, se queda dormido… ¡en la mañanera!

Cómo olvidar cuando en plena mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador, el sueño venció a Jiménez Pons. Mientras el “doctor muerte”, Hugo López Gatell, hablaba sobre el abasto de medicamentos y el mandatario federal escuchaba, Jiménez Pons, sentado, bajó la cabeza y cerró los ojos.

Parece que al funcionario federal, ni el daño ambiental, ni el impacto en comunidades indígenas, ni mucho menos la presencia de su jefe, le quitan el sueño.

Solo cuándo la prensa le publicó, con documentos oficiales, la manera tan descarada y cínica con la que miente, hace berrinche y echa a sus personeros como Alberto Lujambio para agredir. Su cola es tan larga que les alcanzará para el 24… Con decirles que ni proyecto ejecutivo o derechos de vía terminados tienen del Tren Maya. Y eso puede considerarse daño al erario.

Chu, chu, chu, dice Bartlett que hace el tren.

Y cómo reza el refrán, no hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se llegue. Los vemos en el 24.


La columna se publicó originalmente en Expansión Política; reproducida aquí con permiso de la autora 

Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.