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Política

Alejandra Cuevas, un día en Santa Martha Acatitla

En entrevista con Lourdes Mendoza, Cuevas Morán narra cómo su vida dio un giro de 360° en una batalla contra la injusticia

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Especial

El caso de Alejandra Guadalupe Cuevas Morán es uno de los más polémicos del sistema de Justicia de México, toda vez que quien está detrás de su encierro de esta mujer es nada menos que el máximo procurador del país, Alejandro Gertz Manero.

El titular de la FGR mantiene un pleito desde hace seis años con la familia política de su hermano, Federido Gertz, por la presunta omisión en el cuidado de este cuando estaba enfermo y que, a su parecer, lo habría llevado a la muerte, a sus 82 años de edad.

Getz acusa de la muerte de su hermano a Alejanda y a la madre de ésta, la señora Laura Morán (hoy de 94 años), quien fuera pareja de Federico por casi medio siglo, en un proceso que se ha visto lleno de vicios y que cobró impulso apenas el Fiscal asumió su importante cargo.

Cerca de cumplir un año presa, hay un rayo de esperanza, toda vez que la mujer de 68 años ha recibido un amparo en el proceso que enfrenta, aunque desde prisión cuestiona: “Ya perdimos todo, ¿qué más nos pueden quitar? ¿qué más?”.

Bienvenido a el inframundo

El día a día de Alejandra Cuevas en el penal femenil de Santa Martha Acatitla inicia a las 7 de la mañana con un baño tibio a “jicarazos” y con agua precalentada; pase de lista y luego una ronda de ejercicio con pesas hechizas: garrafones rellenos de agua; no tierra, porque está prohibido excavar.

Sus días de duchas en escala de ebullición Fahrenheit se han esfumado en estos 11 meses que lleva interna. Lo mismo ocurre con la ida al sanitario, pues de depositar el papel en la tasa, ahora debe llenar un bote de basura; algo cotidiano para muchos, pero no para ella.

“Es para enloquecer”, asegura, y si se trata de describir su situación, ella dice que “esto es el inframundo”.

Sin embargo, su carácter sale a relucir en cada parte de su relato con la periodista Lourdes Mendoza, que, aunque no está excento de coraje y lágrimas, también es de convicción.

Desde que te despiertas, tú decides cómo quieres que sea tu día. Aún en la cárcel o en París”, afirma y hace de ello un rito, pues asegura que no se trata solo de pasarlo lo menos mal posible, sino de no enloquecer.

Su comida es casera y compartida, pues sus hijos le llevan alimentos que ella convida con algunas de sus amigas en presidio. También para ellos las cosas son diferentes, pues, aunque eran una familia normal, de trabajo, de pronto toda su vida dio un vuelco de 360 grados.

El tiempo, además, lo solventa entre una serie de clubes de baile, lectura y rompecabezas que ella misma ha organizado, no solo por su bien, sino para el de la comunidad que la rodea.

Aquí no hay gritos, ni mentadas de madres, “los golpes, todo eso se acabó en la hora que están armando rompecabezas”. No es cualquier cosa para mujeres que Alejandra considera sin voz y que padecen entre la sombra y la arbitrariedad, un sistema que está lejos de ser de reinserción social.

Por la noche, Alejandra reposa en una celda que comparte con otras cuatro internas, y aunque hoy tiene su propia cama, al llegar a Santa Marta tuvo que dormir en el suelo, a falta de colchones…y empatía.

Convive -y sobrevive- en un entorno donde los golpes y pleitos son el pan de cada día: “Todo el tiempo ¿por qué me viste feo?, ¿por qué me estás haciendo esto? Los teléfonos. Hay 4 teléfonos para 200 internas… se impone la ley de la selva”, refiere.

El Covid ha acentuado el problema en reclusión, pues no solo falta el agua para el lavado de manos, sino que el gel está prohibido. Además, la sana distancia tampoco es una opción en celdas de cuatro y hasta ocho internas.

No hay diferencia entre una reclusa y otra. Las jóvenes y mayores conviven por igual que las acusadas por fraude, homicidio o por el robo de un atún. No hay distinción ni privilegios en Santa Martha.

En su tercer piso no se han detectado casos Covid y aunque refiere que sí existe un ala dedicada para albergar a aquellas internas contagiadas tampoco han sabido de casos graves o decesos. Sin embargo, en tiempos de pandemia, las custodias no alientan la esperanza:

“Palabras textuales: ‘hay un Dios y entonces Dios no las va a dejar que se mueran así rapidito, por eso no les manda Covid, Dios las trajo aquí para que paguen todo lo que hicieron y así se pudran en la cárcel’”.

Esta fue la respuesta de una celadora cuando Alejandra le preguntó por los casos. Para ella, se trata de hacer la vida de las internas más miserable de lo que ya es.

Su vida es menospreciada. Muestra de ello es el temblor del pasado 7 de septiembre. Ese día nadie las fue a ver ni preguntó sobre su estado: “Es más fácil recoger cadáveres que rescatar fugitivas”, obtuvo por respuesta, lo que hace que Alejandra considere que viven en condiciones de animales.

Aunque su vida en prisión no ha sido fácil, esta mujer de 68 años asienta que, aunque muera sus hijos tiene que seguir luchando, porque sabe que esto ya no solo es por ella, sino por las demás mujeres que como en su caso, enfrentan procesos arbitrarios, y ejemplifica con otro caso conocido, el de Claudia Sánchez Mayorga, el chivo expiatorio del Solid Gold.

Pero fuera de los reflectores de alto impacto, están las mujeres que purgan condenas igual de severas por delitos menores, como la que Alejandra Cuevas considera su mejor amiga en Santa Marta, una mujer que lleva dos años esperando audiencia por haber INTENTADO comprar unos perfumes de tres mil pesos con una tarjeta robada.

U otra, que por dos latas de atún pagó una multa de 30 pesos, más año y medio de su vida. Empero, Alejandra asegura que puede contar más de 400 historias parecidas.

Soldados de plomo: Alonso, Gonzalo y Ana Paula

La buena cara y actitud que Alejandra Cuevas trata de mantener todos los días tras las rejas tienen una raíz aún más profunda: Alonso, Gonzalo y Ana Paula, sus tres hijos y sus soldados de plomo, quienes no descansan un solo día para intentar ver a su madre afuera de la prisión.

Alejandra cuenta que ella consideraba a sus hijos como una de las piezas más importantes en su vida y lo más divino que tenía, pero las cuatro paredes en las que se encuentra encerrada le reconfiguraron la maternidad.

Yo sabía que mis hijos eran muy importantes para mí, pero que eran mi vida entera nunca, eh, nunca lo pensé. Y por ejemplo cuando caigo aquí digo ‘no hay nada peor que la cárcel, no puede existir nada en el cuál te denigres tanto como vivir en la cárcel, no existe nada’… y cuando no tuve sus visitas, ahí sí casi me muero”, dice.

Pese al sistema diseñado para destrozarla ―y que cada día la tiene menos entera―, Alejandra no se permite flaquear, pues sabe que el hacerlo significa un efecto dominó en sus hijos, quienes han tenido que luchar todos los días sin un cuartel.

Con la voz entrecortada resalta: “Yo ahorita lo único que les diría, y que les seguiré diciendo toda mi vida, es la lucha sin cuartel que han tenido, que no les ha importado nada, no les ha importado su seguridad, no les ha importado… mi hija tiene tres hijos, o sea, ese tipo de actos […] y ellos me dicen ‘mamá, todos harían lo mismo’ y no, no todos harían lo mismo”.

Al mismo tiempo, subraya que no serán sus abogados, la Virgen de Guadalupe ni cualquier otro santo quien la saque de la cárcel, sino la batalla que están dando Alonso, Gonzalo y Ana Paula desde hace ya once meses, tiempo en el que han tenido que dividirse entre sus trabajos, el cansancio y el velar por su madre.

La mujer también anota que se rehúsa a emplear la expresión de la libertad con una condicionante, “si salgo”, pues jura que sí saldrá, saldrá viva y no la van a romper.

Los atropellos de Gertz

El pasado 9 de septiembre la Juez Quinto de Distrito de Amparo en Materia Penal, Patricia Marcela Diez, otorgó un amparo a Cuevas Morán contra el auto de formal prisión dictado en su contra por el homicidio de Federico Gertz, una pequeña luz de esperanza para que realmente haya justicia en el caso.

Además, la juez ordenó a la Cuarta Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJ-CDMX) analizar de nueva cuenta si hay elementos para proceder penalmente en contra de Alejandra tras detectar irregularidades en su procedimiento, u aunque reconoce que es un gran paso, el proceso todavía pinta para largo pues la resolución también puede ser impugnada por el actual fiscal.

El miedo a Gertz Manero ―“el hombre más poderoso de todo México”, como Alejandra lo describe―, le pasó factura a dos de sus abogados y tras la renuncia del primero, Alfonso Jiménez O’Farril, es cuando no se le da el expediente y se reorganiza todo para llevar a cabo la orden de aprehensión, acusa.

Cómo no vas a renunciar si sabes contra quién estás. O’Farril me defendió cinco años, pero al final me vendió, auténticamente me vendió, no sé qué le prometieron o con qué lo amenazaron, no lo sé”, señala.

También indica que incluso los médicos de Gertz Manero aseguraron que ella sólo fue dos veces a visitar a Federico y al presentar la apelación se comprobó que sólo fue una vez a la casa de su mamá, Laura Morán, y una vez al médico.

Y el magistrado contesta: ‘Como Alejandra va todos los días a casa de su mamá y lo lleva a todos los médicos, automáticamente es la garante y la responsable de la omisión de cuidados y de la muerte de Federico’, entonces yo digo, ¿pues qué expediente leyó? El mío no”. 

Alejandra también añade que, para el colmo, también ha desaparecido una de las hijas y un yerno de Gertz Manero, testigos principales en el caso, situación que tachó de una burla: “Si encuentran a ‘El Chapo’, ¿de qué me está usted hablando?”.

Al cuestionar cuánto tiempo más tiene que soportar lo que está viviendo, Alejandra asegura que ella no es Mandela para estar encarcelada 27 años ni le da el ánimo para estarlos, sin embargo, se pregunta cuánto tiempo más va a desgarrar a su familia o cuál es su cometido. 

Yo lo único que quiero es que me demuestre que yo tuve alguna participación en la muerte, eso es lo único que quiero, si me lo demuestra me quedo, pero que me lo demuestre, que alguien ose decir que yo tuve una participación o mi mamá, porque no hubo absolutamente nada más que cariño, eso fue lo único que le dio mi mamá a este hombre. Es una porquería”, finalizó.

DA/AT