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Política

Caso “Solid Gold: Embarazada, Claudia Sánchez fue torturada en Seido y prisión

La única detenida por el caso hace un crudo relato de hechos sobre un proceso lleno de irregularidades que destapan el lado más brutal del sistema de justicia mexicano

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Claudia Sanchez

Claudia Ivonne Sánchez Mayorga tenía cinco meses de embarazo cuando fue víctima de tortura y vejaciones en la búsqueda de un chivo expiatorio que respondiera por el caso “Solid Gold”, que en agosto de 2013 destapó la trata de personas y el sexoservicio en un establecimiento que operaba con giro de restaurante en la Ciudad de México.

En los últimos ocho años, esta exempleada administrativa del club no solo ha perdido su libertad, también a su hija, su matriz y todo lo que tenía. Por ello, no vacila en decir que le han “destruido la vida”.

Tras ocho años de encierro y con un nuevo juez a cargo, Sánchez Mayorga realizó el primer careo con la Ministerio Público que encabezó el cateo ilegal en su domicilio en el año 2013: Claudia Morales Larre, quien perdió los estribos en los careos, los cuales se llevaron a cabo en cumplimiento de la reposición de procedimiento tras determinarse que se violaron los derechos de la única detenida por el caso.

Claudia Sánchez aguarda este mes su próximo audiencia constitucional para ver si la jueza Luz María Ortega Tlapa le otorga un amparo para cambiar su medida cautelar y enfrentar su juicio en libertad.

A la espera de que hoy se haga justicia, luego de que un tribunal de alzada reconoció que su detención fue ilegal,–por no hablar de su debido proceso–, Claudia hace un crudo relato de hechos desde el primer día en que comenzó su pesadilla, en un proceso lleno de irregularidades que destapan el lado más brutal del sistema de justicia mexicano.

La primera tortura

El 5 se septiembre de 2013 agentes encapuchados y con armas largas del Ministerio Público adscrito a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) incursionaron en casa de Claudia mientras ella se duchaba.

Sin importar su estado de gravidez la sacaron desnuda del baño y en las nueve horas que duró el cateo aprovecharon para extraer documentos personales y cuanto objeto de valor observaron.Todo so pretexto de que era un asunto “producto del beneficio de la explotación sexual ajena”.

Una vez terminado el ‘saqueo’, la mujer fue trasladada a SEIDO, donde permaneció hasta el domingo 8 de septiembre, y luego fue enviada a un arraigo que se extendió 50 días más.

Lee también: Con nuevo juez, el caso del chivo expiatorio del Solid Gold se mueve

Desde el primer momento a Claudia Sánchez Mayorga se le privó de alimento, atención médica y legal. Fue sometida a tratos inhumanos, golpes y manoseos. También fue obligada a hacer sentadillas pese a sus cinco meses de embarazo.

Las humillaciones y vejaciones fueron constantes en este tiempo. Además de contraer una infección urinaria, se intoxica con la comida y ni el elevador le es permitido usar, mientras que los gritos son rutina para sus celadores.

En el día 48 de este infierno, le comunican que un juez de Matamoros ha girado una orden de aprehensión en su contra por los delitos de delincuencia organizada y beneficio de la explotación sexual, hechos que, cabe apuntar, habían ocurrido en la CDMX y de los que sólo fue acusada ella. En tanto, en los medios de comunicación se le presentó como una peligrosa criminal, violando así su derecho a la presunción de inocencia.

La interna 1253

Con siete meses de embarazo, Claudia deja el arraigo sin que se le informe a donde será trasladada. Luego la obligan a subir a un avión –sin su autorización–, esposada y con riesgo debido a su estado.  Todo el tiempo es humillada por la agente a su cargo, quien no se compadece ni cuando la mujer vomita por el malestar.

Así llega Sánchez Mayorga al penal de Nayarit. Ropa interior, un uniforme con el número 1253, jabón, papel de baño y unas chanclas serán su única posesión.

Apenas pone un pie, de nuevo la obligan a hacer sentadillas, pero esta vez completamente desnuda y luego, por negarse a entregar una muestra de sangre, es confinada en un módulo sin supervisión médica, donde es alimentada raquiticamente y en bolsas de plástico.

El 12 de diciembre de 2013, Claudia comienza con dolores de parto y sangrado, lo que no apura a las custodias del Centro Federal Noroeste que retrasan su salida e incluso le piden firmar un documento para deslindar responsabilidades.

“Yo ya ni siquiera podía caminar, yo ya estaba sangrando. Le dije: no le voy a firmar nada y si le pasa algo a mi bebé usted tiene la culpa”.

Finalmente es trasladada de urgencia al Centro Quirúrgico San Rafael, en Nayarit, donde le realizan una cesárea forzosa. Los malos tratos en prisión, el letargo para su traslado, más una negligencia médica provocan complicaciones que ponen en riesgo su vida al grado que le deben retirar la matriz.

Una vez fuera de quirófano, ella no puede ni alimentar a su bebé: “Yo casi no tenía leche por lo mismo de que no me daban ni bien de comer ni me daban agua”, recuerda.

Al día siguiente de dar a luz, Claudia Sánchez abandona el hospital con su hija vistiendo solo un pañalito y envuelta en la camisola de su uniforme. De regreso al penal es trasladada a lo que ella llama una “nave industrial” donde están otras mamás y sus hijos, así como internas embarazadas. Al ver esto se cuestiona el porque la aislaron.

Piojos y despedidas

Sin alimento, vacunas, mudas de ropa o aseo adecuado, Claudia se da cuenta que las condiciones para su hija tampoco eran óptimas. Además, la luz encendida y las rondas matutinas del pase de lista rompen el ciclo del sueño de cualquier recién nacido.

“La toalla para bañarme, era envolvérsela a mi bebita en sus pompitas y poner la cobija en el piso y ahí acostar a mi bebé. Si hacía del baño le cambiaba del otro lado la toalla y así hasta que la toalla estuviera completamente mojada, pero yo no podía permitir que su colita se llenara de sangre, no podía”.

Después llegaron los piojos:  “Tenia miedo de contagiar a mi bebé porque los piojos me corrían por la cara, y no me daban nada” para eliminarlos, señala.

Temiendo por la vida de su hija y previendo que debería robar comida para alimentarla más adelante, como hacían otras internas, Claudia pidió al padre de la menor que se la llevara de ese lugar. Así, con tres meses, se despide de su bebé.

Luego es trasladada a otra plataforma del penal, en dónde continuó su vejación, en especial por una de las Comandantes, quien, recuerda, le gritaba, cateaba su estancia, la abría de las piernas y la tocaba por todo el cuerpo. Así pasaron dos años.

De penal en penal

El 16 de diciembre de 2015, a Claudia le tocó el traspaso alCPS Femenil Morelos,un traslado igual de violento que el que la llevó a Nayarit: jaloneos, golpes y sentadillas desnuda como recepción al llegar. Tampoco mejoró su estancia: comida raquítica y porciones pequeñas, agua de bebedero y cero visitas en los primeros cinco meses.

La resolución de la apelación contra el auto de formal prisión– que confirmó que no debía ser imputada por delincuencia organizada (siendo la única acusada)–tardó 2 años y 8 meses en llegar. Después de esto, el expediente de su caso fue turnado al juzgado sexto de distrito de procesos penales federal en la CDMX.

Pesando 45 kilos y con avitaminosis, el 5 de octubre de 2016 Claudia es trasladada a Santa Martha Acatitla, donde permanece desde entonces. Aquí estudió derecho, y es cuando al fin comienza a darse cuenta de las cosas que sucedieron en su procedimiento

 “¿Por qué los abogados nunca me defendieron? ¿Por qué nunca hicieron nada?, ¿Por que el estado fue tan cruel de hacerme todo lo que me hizo?” se pregunta hoy.

Cerca de cumplir 8 años presa, un tribunal de alzada ha determinado que su procedimiento fue ilegal. La revocación de la sentencia regresó a Claudia al estatus de prisión preventiva y se encuentra en espera de que se revise la medida cautelar para seguir su proceso en libertad por todos los agravios sufridos ella y su hija.

“Después de 8 años me quitaron la matriz, después de 8 años que no he podido ver a mi hija, después de 8 años que ya me destruyeron la vida”, lamenta.

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