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Política

Entre toallas y tampones: el costo de una menstruación digna

Durante casi 40 años una persona menstruante tendrá que gastar al año hasta mil 620 pesos para su gestión

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Menstruación México
Imagen ilustrativa / Pexels

Desde que somos niñas el tema de la menstruación se cuenta a susurros, casi con vergüenza cuando una mujer pasa casi 40 años de su vida entre toallas sanitarias, tampones, pastillas para los cólicos, entre otros insumos creados por la industria del cuidado personal femenino.

Se estima que por año una persona menstruante utiliza cerca de 360 toallas o tampones, sin embargo, en México así como en muchos países lo que es un artículo de primera necesidad se convierte en un lujo que representará un gasto de hasta 26 mil pesos para ellas.

Esto asumiendo que se utilizan 30 unidades de alguno de estos productos en cada periodo de un promedio de 5 días de duración, durante 39 años de su vida, es decir, de entre los 12 años y hasta los 51 años tendrán que hacer un gasto anual de entre 550 hasta mil 620 pesos.

Aunque las toallas (el artículo más vendido dentro de la industria) y los tampones son productos de consumo mensual para la mayoría de las mujeres, en algunas regiones, países y comunidades deben utilizan algodón, tela o algún otro sustituto durante la menstruación.

Tan sólo en México, según el Consejo Nacional de Evaluación de la política de Desarrollo Social (Coneval), cuatro de cada 10 mujeres viven en situación de pobreza, por lo que la gestión de estos artículos, así como la escasez de agua potable afecta su periodo y por tanto salud y calidad de vida.

A esta pobreza menstrual hay que agregar  la desigualdad salarial que enfrentan las mujeres, quienes ganan en promedio 54.1 pesos menos que los hombres, de acuerdo con registros del IMSS, mientras que los precios de las toallas van de los 50 hasta los 70 pesos por un paquete de 32 piezas y 45 pesos en el caso de los tampones por una caja con 10 piezas.

Aunque en México hay cerca de 63 millones de mujeres en edad de menstruar, solo cuatro de cada 10 tienen acceso a estos insumos de primera necesidad, ya ni hablar del uso de las copas menstruales cuyos precios oscilan en los 650 pesos y resultan poco costeables para muchas, más si no se tiene acceso a agua potable.

Cuestión de derechos humanos

Eugenia Tarzibachi, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y autora  de “Cosa de Mujeres: menstruación, género y poder” señala que la higiene menstrual necesita ser considerada como una cuestión de “derechos humanos”, principalmente para las niñas y adolescentes.

En este contexto existen tres razones principales por las que ellas podrían faltar a la escuela cuando menstrúan:

Carecen de productos para gestionar la menstruación sin que está se note (especialmente, sin mancharse), no tienen acceso a medicamentos que alivien los dolores menstruales, y no tienen agua potable, elementos de higiene personal general, así como instalaciones sanitarias donde lavarse y cambiarse en privacidad”, advierte en su investigación.

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El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reconoce que el 43 por ciento de las niñas y adolescentes mexicanas prefiere ausentarse de la escuela durante su periodo, lo cual se relaciona a la falta de dinero para comprar estos insumos o la de espacios públicos que les permitan gestionar una menstruación digna.

De ahí que colectivas como #MenstruaciónDignaMéxico insistan en la eliminación del IVA a estos productos, la cual actualmente es el 16 por ciento, misma que transgrede los derechos humanos de las personas menstruantes, pues estos artículos no son de uso opcional.

La iniciativa que presentó en 2020 la diputada Martha Tagle Martínez lleva la salud y la higiene menstrual a la agenda pública para entender que es un proceso biológico que obliga a las mujeres y personas menstruantes a realizar un gasto mensual que les permita llevar su gestión de la mejor manera.

Sin embargo, esta fue rechazada con 218 votos en contra, 185 a favor y 11 abstenciones por una Cámara de Diputados donde el 51.8 por ciento de los legisladores son hombres, lo cual recuerda al ensayo publicado por Gloria Steinem en 1978, “Si los hombres pudieran menstruar” donde plantea una respuesta clara de los que pasaría si este fuera un acontecimiento masculino:

El Congreso financiaría un Instituto Nacional de Dismenorrea para ayudar a eliminar las molestias mensuales. Los productos sanitarios serían financiados por fondos federales y serían gratuitos”.