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Política

Rosario Robles: a un paso de la libertad que nunca tuvo que perder

“Dios no manda a una persona a las profundidades del mar para ahogarla, sino para limpiarla”, dijo

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Instagram: Mariana Moguel

“Dios no manda a una persona a las profundidades del mar para ahogarla, sino para limpiarla”. Ese será uno de los aprendizajes de la exsecretaria de Desarrollo Social (Sedesol), Rosario Robles, quien tras dos años de un encierro injustificado, finalmente podrá llevar su proceso desde un arraigo domiciliario.

Y es que esta semana la exfuncionaria finalmente vio materializarse su anhelo de salir de la prisión de Santa Martha Acatitla, un lugar al que fue ingresada de manera arbitraria y que, en apego a la ley, nunca debió haber pisado.

Es su hija, Mariana Moguel, quien no quitó el dedo del renglón para devolver la libertad a Robles Berlanga, la que cuenta cómo fue para la exsecretaria enterarse de la resolución del Noveno Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito que confirma el amparo para que pueda continuar el proceso jurídico desde su casa, como debió ser desde el principio:

“Se soltó a llorar […] Luego, empezó a gritar. Empezó a decir “hija mía, pues este es el paso”.

La extitular de Sedesol es acusada por el delito de omisión; un delito que, de acuerdo con las leyes, no amerita la prisión preventiva como medida cautelar; pero que un juez impuso a Rosario Robles en 2019, argumentando un riesgo de fuga.

Y, sin embargo, tuvo que enfrentar un largo proceso antes de que los magistrados Emma Meza Fonseca, Juan Carlos Ramírez Benítez y Ricardo Paredes Calderón votaran a favor de garantizar sus derechos, en el camino de un procedimiento por el que ni siquiera han podido probar alguna culpa contra Robles. Mariana lo dice sin rodeos:

“Mi madre jamás tuvo que haber pisado Santa Martha Acatitla, porque, en efecto, en la clasificación de los delitos, la omisión no está considerado como un delito grave, pero, además, un delito que al día de hoy no se le ha comprobado ni siquiera”.

Por eso, probablemente el momento más memorable de este año para la familia fue cuando el magistrado Paredes Calderón concluyó, ante el voto unánime de sus homólogos:

“En la revisión penal 128 del 2021, por unanimidad de votos, se resuelve que en la materia de la revisión se confirma la sentencia recurrida.  Segundo, la Justicia de la Unión ampara y protege para efectos a la quejosa. Y, tercero, se declara sin materia la revisión adhesiva”.

Ahora, mientras la familia de Robles Berlanga ve concretarse esta medida, su hija hace un repaso del calvario que la exfuncionaria y sus allegados pasaron por estos años, así como los aprendizajes que se lleva tras su periodo en prisión.

Cuenta Mariana que su madre reflexiona sobre su estancia tras las rejas:

“Es muy paradójico: como he leído tanto de meditación, tanto de reflexión, tanto de estoicismo, tanto de temas, sobre todo de meditación y de encontrarte contigo mismo, y estar bien en tu interior y todo eso […]Eso me ha ayudado muchísimo a sobrevivir todos estos momentos”.

Y habla de momentos de verdadera dificultad, que estuvieron apunto de tumbar su voluntad; de terminar con sus fuerzas. Momentos como cuando, sin esperarlo, un juez dictó repentinamente su detención el pasado 13 de agosto de 2019.

Momentos, como todas esas veces en las que creyó que avanzaba en su proceso de ampararse para continuar obtener un arraigo domiciliario, y cada esperanza se transformó en una nueva decepción.

Momentos que están por acabarse, y ahora sólo resta mirar en retrospectiva a todo lo positivo que se puede rescatar de estos amargos dos años y dos meses: como, además de comenzar a practicar yoga, Rosario se metió a cursos de zumba y acondicionamiento físico. Todo lo que estuviera a su alcance para pasar una estancia soportable, digna; mientras, afuera, su familia seguía devastada, y desde las celdas se enteraba del avance de la pandemia y de la pérdida de algún ser querido a quien nunca pudo volver a ver.

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Todo eso, pronto, serán malos recuerdos. Mariana Moguel afirma que su madre está llena de fe por volver a la libertad que nunca tuvo perder.

Tiene algo de miedo miedo, sin embargo, de cómo será estar afuera. Ese estigma; esa “z” en la frente que la gente pone a una persona que estuvo presa, sin importar si logra demostrar su inocencia; sin importar si nada se ha probado en su contra.

No obstante, ahora mismo, es más la emoción; la esperanza. Mariana cuenta que Rosario, su madre, no tardó mucho en responder cuando se le preguntó sobre lo que más anhela de volver a casa:

Abrazar a su familia, a sus amigos. A todos aquellos que creyeron en ella todo este tiempo. Y, con un énfasis fuerte, a Luna, su gata:

“El otro día sí me solté llorando con mi Luna. La veo ya tan amolada; pero le pedí que me esperara. Le dije “Luna, espérame, ya voy para allá”. Y levanta sus orejitas. Ay, estar en mi casa”, dijo.

EC