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Josefa Ortiz de Domínguez: incorregible y conspiradora

Su participación en la Independencia de México va más allá de unos taconazos

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Josefa Ortiz de Domínguez
Foto: INEHRM

Desde que era una niña y hasta sus últimos días, Josefa Ortiz de Domínguez, fue rebelde, valiente y diferente a las mujeres de su época. La manera en la que veía a los demás, así como su inteligencia e interés político la convirtió en una de las piezas claves de la Independencia de México.

Su compromiso con el movimiento independentista fue más allá de como se retrató en los libros de historia, pues ‘La Corregidora’ como mejor se le conoce, llegó a ser comparada con Ana Bolena y fue encarcelada en más de una ocasión.

La incorregible Josefa no solo se limitó a dar tres taconazos en la pared para avisar al alcaide Ignacio Pérez que la conspiración había sido descubierta, pues a diferencia de su esposo Miguel Domínguez, “un hombre de medias tintas”, participó de manera muy activa en las reuniones disfrazadas de tertulias  que se realizaban en las casas reales de Querétaro.

Vientre generoso

Josefa conoció a el abogado Miguel Domínguez cuando solo era una estudiante del Colegio de las Vizcaínas y para sorpresa de las demás residentes la joven que quedó huérfana a muy temprana edad logró llamar la atención de aquel hombre 15 años mayor que ella.

Si algo había en común entre la pareja era su interés por la justicia y su constante preocupación ante los abusos que se cometían contra los indios, molestia que aumentó conforme la Corregidora se adentró más en la política y comprobó con sus propios ojos todas las atrocidades que se cometían.

Antes de que se concretara el matrimonio, el vientre generoso de Josefa ya la sorprendía con su primera hija, para el segundo bebé la pareja apresuró los planes de boda que se había retrasado a causa de las diferentes posiciones sociales que tenían.

Para 1793 el matrimonio se realizó de manera secreta, aunque Ortiz ya se alistaba para ser nuevamente madre. Al final los Dominguez criaron a 14 hijos.

“Una verdadera Ana Bolena”

Ortiz fue fundamental para la proclamación de la Independencia. El 14 de septiembre de 1810 y luego de que fuera encerrada con llave por su esposo el Corregidor, llamó golpeando una de las paredes de su recamara al alcaide Ignacio Pérez, quien se presentó a su puerta y Josefa le ordenó que partiera a San Miguel el Grande para alertar al capitán Ignacio Allende que habían sido descubiertos.

Luego de la sublevación, el gobierno actuó contra los Corregidores, aunque Domínguez negó cualquier participación en la conspiración, las acusaciones contra Josefa pesaban más debido a que mantuvo vínculos con los insurgentes y no temía expresar su desprecio hacia los peninsulares.

Para enero de 1811, se notificó al virrey sobre la actividad de la Corregidora y por la cual se le ordenó a su esposo que se hiciera cargo o sería encarcelada, cosa que ocurrió hasta 1813 cuando nuevamente fue acusada, pero en esta ocasión por Mariano Beristáin:

“[…] agente más efectivo descarado, audaz e incorregible que no pierde ocasión ni un momento de inspirar odio al Rey, a la España, a la causa, y determinaciones y providencias justas del gobierno legítimo de este Reino. Y tal es Señor Excelentísimo, la mujer del Corregidor de esta ciudad. Esta es una verdadera Ana Bolena que ha tenido valor de intentar seducirme a mí mismo, aunque ingeniosa y cautelosamente”, denunció.

Los señalamientos y la brutal comparación con la segunda esposa del rey de Inglaterra, Enrique VII, provocaron que Josefa Ortiz de Domínguez fuera arrestada y trasladada al convento de Santa Teresa en la Ciudad de México.

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¿Romance con Allende?

Hay quienes aseguran que el tercero en discordia en la relación de Los Corregidores fue Ignacio Allende, con quien Josefa tuvo una relación cercana a causa del movimiento independentista que se venía tramando.

Aunado a ello, se sabe que Allende intentó cortejar a una de sus hijas por lo que llegó a frecuentar la residencia de los Domínguez y aunque nunca se concretó nada, surgió el rumor de que el insurgente en realidad acudía para ver a Josefa.

En su novela “Tres Golpes de Tacón” la escritora Rebeca Orozco Mora retrata parte de este supuesto romance, donde Ortiz reconoce que amó al militar “con toda su alma”, lo que provocó que la relación con Miguel se fragmentara.

Amé a Ignacio Allende con toda mi alma y voy a seguir apoyando a los Insurgentes por él, por su memoria”, escribió la autora.

Aunque lo cierto es que expertos como la profesora investigadora de la UAM, María de Jesús Rodríguez Guerrero, explica en “México, independencia, mujeres, olvido, resistencia, rebeldía, dignidad, rescate y rescate” que esto nunca ocurrió y solo se trató de un supuesto malicioso.

El desplante a la emperatriz

Cuando se consumó la Independencia para Josefa Ortiz de Domínguez resultaba difícil que la revuelta hubiera terminado por un general realista, Agustín de Iturbide, pues no confiaba en él debido a que hasta hace unos meses antes se había enfrentado al insurgente Vicente Guerrero.

Con esto en mente, no fue de su agrado la invitación que poco después le llegó de Ana Huarte de Iturbide para ser una de sus damas de compañía y dama de honor.

“La que es Soberana en su casa, no puede ser dama de una Emperatriz”, dijo tajante.

Para ella, una mujer criolla que defendió su tierra, conspiró con los insurgentes y fue presa en el convento de Santa Clara, el de Santa Teresa la Antigua y el de Santa Catalina de Siena, resultaba impensable llegar a ese palacio con la emperatriz.