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Audrey Hepburn: las cicatrices que marcaron su legado en el cine y la moda

A 28 años de su fallecimiento, la actriz se mantiene como uno de los iconos más importantes de la pantalla grande

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Audrey Hepburn
Audrey Hepburn en "Desayuno en Tiffany's"

Audrey Hepburn siempre será recordada por su elegancia, belleza, así como por sus memorables papeles en la pantalla grande como Holly Golightly en Breakfast at Tiffany’s (1961) que la convirtieron en una estrella.

Considerada como una de las actrices más idealizadas de la época dorada de Hollywood, lo cierto es que Audrey vivió acomplejada por sus inseguridades y las cicatrices de las batallas que tuvo que enfrentar a muy temprana edad.

“Llegue a esta profesión de casualidad. Era una desconocida, insegura, inexperta y flacucha. Trabaje muy duro, eso lo reconozco, pero sigo sin entender cómo pasó todo”, decía al sorprenderse de su éxito.

A 28 años de su fallecimiento en Noticias en la Mira te presentamos un recuento de los momentos que marcaron la vida de la también modelo e icono de la moda.

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Un golpe del que nunca se recuperó

Cuando Audrey era apenas una niña de seis años su padre Joseph Hepburn-Ruston salió por completo de su vida al abandonarlas a ella y su madre la baronesa Ella Van Heemstra.

Este duro golpe, se convirtió en la primera de las cicatrices que marcaron a la protagonista de Sabrina (1954), quien en entrevistas llegó a confesar que el abandono de su padre en 1935 la acompañó a lo largo de todas sus relaciones, donde persistía este temor.

“Yo adoraba a mi padre […] Verme separada de él me resultó terrible. Al abandonarnos, mi padre nos volvió inseguras puede que de por vida”, reveló en alguna ocasión.

La danza salvó su vida

Luego de que su padre se marchara y mientras estudiaba en un internado, Audrey descubrió su amor por la danza, donde en sus propias palabras encontró una “poción mágica” y su verdadera razón para existir.

Más tarde cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la danza se convertiría en su principal actividad, sin embargo, la escasez de alimento dejó graves secuelas físicas en ella, al grado de sufrir desnutrición y constantes desmayos debido a que tenía que bailar con el estómago vacío.

“Acabé la guerra sumamente anémica y con todos los síntomas que acarrea la desnutrición. Padecí un edema grave”, llegó a contar.

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Asimismo, durante los casi seis años de la contienda, Audrey Hepburn se refugió en la danza clásica e incluso junto con otras compañera ofrecía espectáculos en la clandestinidad para recaudar fondos para los miembros de la resistencia.

Estos shows se realizaban en casas con muy poca luz y las ventanas cerradas para no levantar sospechas, además de que estaban prohibidos los aplausos.

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Ana Frank

Además del hambre y el miedo, durante la guerra vio las deportaciones de los judíos holandeses a los campos de concentración nazis, las imágenes de familias enteras en vagones de ganado fueron tan impactantes para ella que cuando leyó el Diario de Ana Frank se sintió muy identificada.

Ana Frank había nacido en el mismo año que ella y con un mes de diferencia, el libro la marcó tanto que Audrey era capaz de citar párrafos enteros que la hacían rememorar la crudeza de la guerra.

“Ana Frank y yo nacimos en el mismo año, vivimos en el mismo país, sufrimos la misma guerra, excepto que ella estaba encerrada y yo estaba afuera”.

Años más tarde cuando le ofrecieron interpretar el papel de Ana Frank, simplemente lo rechazó debido a que no se sentía con fuerzas para regresar a los escenarios donde transcurrió la guerra y donde perdieron la vida sus familiares.

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La musa de Givenchy

La relación entre Audrey Hepburn con el diseñador de modas Hubert de Givenchy perduró hasta el último minuto de su vida. La magia entre ambos surgió cuando ella tenía tan sólo 24 años y desde entonces él la acompañó y vistió para sus películas y bodas.

Givenchy se convirtió es su más intimo amigo y confidente, la relación era tan cercana que llegó a provocar los celos del primer esposo de la protagonista de Charade (1963), el actor Mel Ferrer.

“Dependo de Givenchy de la misma manera que las norteamericanas dependen de sus psiquiatras. Hay pocas personas a las que quiera tanto. Es el único hombre que conozco verdaderamente íntegro”, llegó a declarar Audrey.

Asimismo, fue gracias los elegantes vestuarios y los accesorios del diseñador francés que la actriz se coronó como la reina de la elegancia y el glamour, figura que perdura en la actualidad.

Como olvidar la icónica escena de Holly Golightly con el famoso little black dress de Givenchy contemplando el escaparate de la joyería Tiffany’s con un café y un cruasán en la mano.

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Por esta escena, Tiffany’s le ofreció un jugoso contrato para ser la imagen de la prestigiosa joyería, mismo que rechazo al asegurar que no sería la “señorita diamantes”.

En sus últimos días de vida cuando el cáncer de Audrey estaba muy avanzado para que aerolíneas permitieran que viajara a Suiza, el diseñador cumplió su sueño y fletó un jet privado que llenó de flores para que pudiera viajar de California a su casa La Paisible.

Al agradecer el gesto su íntimo amigo le respondió:

“Tú has sido lo más importante de mi vida”.

Su mayor deseo

Toda su vida anheló ser madre y tener su propia familia, pero su sueño se vio impedido en más de una ocasión; cuando lograba quedar embarazada la ilusión de un hijo se desvanecía producto de abortos espontáneos que la llevaban a una dura depresión.

“Todo en mi vida se reduce a una única cosa: no sólo recibir amor, sino la desesperada necesidad de darlo”.

La ganadora del Óscar por Roman Holiday (1954) siempre tuvo claro que la fama no tenía ninguna importancia y que fácilmente su carrera profesional podía pasar a segundo plano si de su familia se trataba.

El 17 de julio de 1960, con la llegada de Sean Ferrer, su primer hijo, su mayor anhelo se convirtió en una realidad que no podía creer y fue por él que también se aferró a su matrimonio con Mel Ferrer hasta que finalmente se divorcio.

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Más tarde conocería a Andrea Dotti, un renombrado psiquiatra italiano con quien tuvo a su segundo hijo Luca Dotti, y de quien también se divorciaría debido a que no le proporcionaba la estabilidad que tanto necesitaba.

Aunque Hepburn consideraba que los abortos eran desgarradores, para ella también lo fueron sus dos divorcios y en sus propias palabras una de las peores experiencias por las que puede pasar una persona.

“Uno siempre espera que si ama a alguien lo suficiente, todo irá bien, pero no siempre es cierto“, declaró tras ambos episodios.

Con información de Divas Rebeldes y Audrey Hepburn: La biografía